La GUERRA en MÉXICO:
La guerra contra el (los)
pueblo(s) de México no ha terminado, esta guerra no declarada ha pasado a otra
fase de su implementación con el retorno del PRI al gobierno federal, (cambios
de táctica dentro de una misma estrategia de control y sometimiento). Lo que
apenas hace algunas semanas o meses eran hipótesis, hoy son hechos consumados o
en proceso de consumación; no hubo la tan llevada y traída transición
democrática, acaso la alternancia ha servido para pintar la fachada del
proyecto neo-liberal y neo-colonial, que se echó a andar en México con los
últimos gobiernos federales al mando del ¨viejo PRI¨ (1982-2000), y con los
gobiernos panistas (2000-2012), mismos que asumieron y continuaron con la
doctrina, de forma interesada, dogmática y fervorosa.
¿Cuáles
son las pruebas que tenemos hasta ahora con las cuales sostener, que las cosas
han cambiado en la superficie para que en el fondo, todo siga igual? ¿Cuáles
son las evidencias con las que sostenemos nuestra argumentación que dice: el “nuevo
PRI”, representado en la figura de Enrique Peña Nieto (EPN), no hará otra cosa
sino continuar con el proyecto
neo-liberal y neo-colonial, que en los hechos, no es sino una guerra
económico-político-ideológica y militar (no declarada) contra el (los) pueblo(s)
de México?
Por razones de método y de exposición,
narraré y desglosaré mi análisis en tres terrenos (ideológico, político y
económico), aunque sabemos que estas tres pistas o arenas se entrecruzan e
influencian entre sí, acaso lleguen por momentos a gozar de cierta autonomía,
aunque ésta no invalide jamás su necesaria interdependencia.
1)
LA ARENA IDEOLÓGICA
La evidencia más
contundente que tenemos hasta el momento, en el sentido de que la GUERRA
IDEOLÓGICA contra el (los) pueblo (s) de México continuará con el regreso del
PRI a Los Pinos y con el control del poder legislativo y judicial, la podemos
encontrar en la cobertura mediática, que el duopolio televisivo y la mayoría de
las cadenas radiofónicas han hecho, en torno a los sucesos acaecidos el pasado
01/12/2012.
Por un lado, la toma de
posesión del mando presidencial por parte de EPN y por el otro; los hechos que,
simultáneamente, ocurrían en las calles y en las plazas de varias ciudades del
país, en especial, los que se dieron en la Ciudad de México.
El contraste de las
imágenes es sintomático: un México aséptico, frío, aburrido y abunkerado, por
un lado, y por el otro; un México vivo, convulso y violento a quemarropa. Pero
lo que importa aquí no son más las imágenes que los discursos, los discursos
mediáticos que en base a estas imágenes se configuran y se encapsulan para
consumo nacional e inter-nacional.
Contrasta entonces la
unción cuasi monárquica de EPN, con el linchamiento mediático de los
movimientos sociales y en especial, con la difamación del #yosoy132 y de los
grupos libertarios y anarquistas de la Ciudad de México.
Nada en esencial que cambie
la estructura narrativa y dramática de tono maniquea, con la que los mass media
en México se han desenvuelto, desde que el duopolio televisivo se consolidó a
mediados de los años 90´s del siglo pasado.
En esos años, le tocó su turno
a los zapatistas del EZLN, quienes primero fueron “guerrilleros extranjeros”
que manipulaban a torpes e ignorantes indígenas mexicanos. Luego, a falta de
pruebas (como siempre), los “extranjeros” terminaron siendo connacionales,
aunque eso sí, “profesionales de la violencia y transgresores de la ley”, mas
de uno con estudios de licenciatura en la UNAM o maestría en París e incluso, con
una Medalla Gabino Barreda por mérito académico, como figuraba en el curriculum
del que dijeron era, el Subcomandante Marcos. Posteriormente, cuando el EZLN
con el respaldo de la sociedad civil nacional e internacional, dejó las armas a
un lado y se dispuso a dialogar, aparecieron a los ojos de los Azcárraga y CIA,
las guerrillas malas: el EPR y el ERPI, entre otros; movimientos integrados
ahora si, decían, por verdaderos “terroristas” y “transgresores del Estado de
Derecho”, así, con mayúsculas: Estado de Derecho.
No pasó mucho tiempo cuando
de nuevo saltaron a la escena los jóvenes que ya no eran entonces,
universitarios en defensa de la educación pública, autónoma, crítica,
humanista, científica y popular; sino una pandilla de “porros” y “desaliñados
pseudo-estudiantes”, manipulados por oscuras y “trasnochadas” fuerzas
“marxistas”, “comunistas”, “anarquistas”, “rojas” e “izquierdosas” todas; en fin, por el “diablo” que una vez más susurraba
en el oído de nuestra ingenua, ignorante, inexperta y siempre desorientada
juventud, a la cual hay que cuidar cual infantes “imbéciles” e “inmaduros”. La
“huelga del fin del mundo” se abría paso y trastocaría la vida de la UNAM y de
varias universidades mexicanas durante casi un año. Pero para entonces ya había
ganado la “izquierda partidista” el gobierno de la otrora Gran Tenochtitlán; y fue
cuando el ingeniero Cárdenas pasó a ser (en un acto de magia televisiva) el
“buen salvaje”, ¿en qué momento ocurrió el milagro?; pues cuando el liderazgo
de AMLO lo fue desplazando; entonces surgió el nuevo villano contra quien se
desencadenaría el más largo rosario de calumnias y difamaciones del que se
tenga memoria; una década cumple AMLO de ser el malo favorito de los mass media
mexicanos. Es así como pudimos presenciar, también en horario triple A, los
capítulos de una larga serie cuyos títulos se llamaron: “Del desafuero”, “El peligro
para México”, “El indio de Macuspana” y el del “Mesías tropical”, entre otros;
capítulos en el que no pocos “intelectuales orgánicos” (Krause y Vargas Llosa
entre otros) participaron con pasión, en la confección del guión.
En tanto, aparecían nuevas
“hordas de bárbaros” que no eran comunidades y pueblos organizados en defensa
de sus derechos, sino una vez más: “terroristas” y punto. Veríamos en cadena
nacional las “épicas” batallas de Atenco y de Oaxaca; en las que las fuerzas
militares y paramilitares, policiacas y para-policiacas del gobierno federal
panista-foxista, se aliaban con las de los gobernadores del PRI (Peña Nieto
entre ellos), para librarnos de los morenos atilas “alteradores del orden
público y la paz social”; a punta de toletazos y balas de goma y plomo impusieron
“todo SU peso de la ley”.
A falta de “terroristas”
reales, pero ante la necesidad de fabricar un adversario que justificara la
necesidad de militarizar y paramilitarizar el territorio nacional (ahora le
llaman Gendarmería Nacional) para mejor controlarlo, se configuró y se nos
vendió “la guerra contra las drogas”, versión doméstica de la guerra
estadunidense contra el terrorismo. Entonces los muertos ya no fueron
estudiantes, activistas, ni líderes sociales, ni campesinos o indígenas en
defensa de la tierra y de los recursos naturales, sino “bajas colaterales” que se
cuentan por cientos y miles. Todo esto exhibido en millones de hogares
mexicanos, otra vez, en horario triple A.
Y vino el diálogo fallido
con los deudos de la guerra de Calderón y el extravío político, mediático e
ideológico de su líder, quien prefirió el ruido visual de las cámaras de
televisión y los besos de cachetito, a la organización desde abajo, silenciosa pero
eficaz. Eso que meses después, aunque no tan silenciosamente es cierto, iba a
lograr tejer el #yosoy132. El #132, integrado por jóvenes estudiantes en su
mayoría, jóvenes que primero fueron “porros” y de la noche a la mañana ya eran
héroes nacionales, ¡claro!, mientras no fueran más de 131 o mientras se les
encontró alguna utilidad política para subir la imagen de la siempre alicaída y
hoy desaparecida, Josefina Vázquez Mota. Pero más pronto que tarde, los jóvenes
se dieron cuenta de que tenían la sangre roja y el corazón ardiendo en el lado
izquierdo del pecho; entonces, otra vez, de la noche a la mañana pasaron a ser
las marionetas de fuerzas perversas que trastocan las almas cándidas e
inocentes; las manos siniestras de AMLO, dicen algunos gatilleros de la pluma,
mueven desde entonces los hilos del movimiento.
Es la primera semana de
diciembre del año 2012, se cuentan ya por miles las imágenes con las que se
impone el discurso maniqueo del duopolio televisivo; las consignas mediáticas
no dejan ver y escuchar la información responsable de quienes dan cuenta de la
complejidad de los hechos del 1ro. de diciembre de 2012; por lo mismo, el cuento
de los buenos limpios y trajeados, contra los malos sucios y violentos se
repite hasta la saciedad; hoy por hoy, al #yosoy132 y al anarquismo, les toca
ser el gran villano de la película, mientras EPN es el monarca que nos salvará
del desorden y el caos al que nos han conducido, no sus propios aliados y antecesores,
sino todos esos “antagonistas” de los que el #yosoy132 y los movimientos
anarquistas son herederos.
Pero en las redes sociales
del internet sucede otra cosa, se replica punto a punto la propaganda
gubernamental maniquea, mientras Televisa reafirma su rol propagandístico y su
nula vocación a realizar un periodismo veraz, oportuno, responsable; le siguen
TV Azteca y la inmensa mayoría de estaciones radiofónicas, revistas y
periódicos.
¿Acaso un nuevo periodismo
está naciendo en la RED? Fotos, videos, audios, testimonios orales y escritos,
nos dan cuenta de lo que pasó detrás de las cámaras del duopolio televisivo. Evidencias,
pruebas contundentes de que la voluntad de desinformar y de manipular los
hechos es la consigna de un sistema mediático-ideológico, que de manera cada
vez más torpe cae en sus propias contradicciones; para muestra, tenemos el caso
de las camionetas de Televisa detenidas en Nicaragua por narcotráfico. Apenas
se sale de su control una parte del sistema (el judicial), entonces vemos como
los “malos” de la peli son ellos mismos.
Mientras tanto, los
movimientos ponen en práctica su demanda de “democratizar los medios”,
apropiándose de las herramientas, conocimientos, infraestructura y demás
recursos que se tienen al alcance. No tenemos que esperar a una nueva ley de
medios como la de Argentina, aunque también es nuestro deber exigirla.
Hay tiempos de paz y tiempos
de guerra dice el Eclesiastés; el enfrentamiento con Goliat es inevitable, y es
ahora.
¡PRESOS
POLÍTICOS, LIBERTAD!
Continuarán: LA
ARENA POLÍTICA y LA ARENA ECONÓMICA
Antonio Jiménez
Ramírez
a 7 de diciembre de
2012.
(Hoy, mi amada
hermana Verónica cumpliría 43 años de edad y me estaría escuchando respetuosa y
atentamente, aunque me diría que soy muy radical; pero tal vez, desde el
universo exterior, ya no piense lo mismo.)